Martes, Septiembre 07, 2010
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En espiritu y en verdad

Marzo 2005

 

Rosmeli Am

 

En espiritu y en verdad

 

Abril 2006

Publicado por:

Escritores Teocráticos Ediciones

www.escritoresteocraticos.net

 

 

Autorización:

 

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En espíritu y en verdad

—Rosmeli Am—

    

          Esta es la historia,  de una niña llamada Maria Belén, que vivía junto a su madre en un pueblecito en la costa. Su padre una noche se fue a pescar, y nunca más lo volvió a ver. Todas las noches esperaba que volviera, y su querida mamita no se cansaba de prender velas. Escuchó que el cuerpo de su papito nunca apareció. Todas las noches sentía llorar a su mamita.

            La madre entró a trabajar como doméstica a la vuelta de su casa. Vivía sola con su hija. La patrona permitió que fuera con su hija a trabajar, dado que tenía una niña de la misma edad e iban juntas al mismo colegio. Le gustaba como era la hija de su empleada, más despierta y habilidosa que su propia hija. Y como siempre la comparaba, la hija de la patrona le empezó a tomar mala voluntad a la niña. Ella era grande y robusta y Maria Belén era, por lo contrario, pequeña y muy delgadita.

          Como la patrona de su mamá iba a tener otro bebé, Maria bordaba ropita para el bebito. Era muy obediente y tranquila. Siempre andaba haciendo preguntas, que la madre no podía responder, por su escaso estudio. Ella deseaba que mamá no llorase más. Rara vez sonreía, por eso siempre hacia gracias para hacerla reír. En el colegio le hacia lindos dibujos para ella. La adoraba.  Pensaba siempre que nada malo le sucedería porque tenia a su madre y ella la protegía. A su madre le pagaban mal y el dinero no le alcanzaba para llegar a fin de mes por eso,  esta vez no tenia nada, y ella sabía que su hija tenía hambre, aunque nunca le reprochaba nada. La llamó y pasándole un par de aritos le dijo:

          —Maribel –le dice su madre, como cariñosamente la llamaba–, anda donde doña lucha y pásale ésto, ella ya sabe. Te pasará un kilo de pan, que sean de manteca.

          Doña lucha era la dueña del almacén. Su madre tenía en casa muchas imágenes de diferentes santos. En el dormitorio había dos camas, y en la pared de la cabecera de cada cama, estaba la imagen de la virgen y en la otra la imagen de Jesús. Además de otras imágenes de santos. Le enseñó a hincarse y a rezar a las imágenes. A Maribel solo le gustaba Jesús, y a el le rezaba.

          Pasaron dos años. Maria Belén ya tenía nueve años. Su abuelo vino al pueblo  para llevárselas con él a la ciudad. Su madre estaba feliz, y muy alegre.  Y Maribel se sentía dichosa. Su madre la tomaba en brazos, la besaba, jugaba con ella, como cuando vivía su padre...

          Ven, ayúdame –le dijo su madre,  y sabiéndose a una silla, sacaba los cuadros con las imágenes con mucho cuidado, y ordenadamente las ponía en una caja.

          Llegaron a la ciudad. A Maria Belén le deslumbraron las luces de la ciudad. Nunca  había visto tantas luces. Cuando iban entrando a la ciudad y vio esas luces, le pareció que eran como un lindo vestido de lentejuelas muy brillante. Su corazoncito latía feliz de puro contenta,

          No conocían a nadie, y su abuelo como era pescador, se iba por meses a la mar, y las dejaba solas. Aprendió el oficio de costurera, para salir adelante. Su madre era una mujer muy luchadora. En el colegio del buen pastor, le daban almuerzo. Pero la niña no se lo podía comer, por que los frijoles tenían gorgojos, y sabían muy mal. Y la chuchoca tenía telas, y sabía mal.  Recibía reprimendas de las monjas, porque sólo se comía el pan.

          La madre pensaba que comía bien en la escuela. Las dos pasaban muchas necesidades. Cuando llegaba hambrienta del colegio, en casa solo había un frito de lechuga con una taza de té. Maria Belén se sentía muy débil, la madre la llevó al doctor.

          — “Su hija tiene Raquitismo y está desnutrida, también tiene sombra al pulmón –dijo el facultativo, mientras examinaba a la niña–. Tiene que sobre-alimentarla. Por ahora tiene que estar en reposo, esta muy débil. Tome esta  receta de remedios, pase por la farmacia y allí se los darán.”  Y acariciando la cabecita de la niña, dio por terminada la sesión.

          “Dios mío –pensó desalentada– ¿Porqué me pasan estas cosas a mí? Y no tengo ni para velas. Voy a ir donde esa animita milagrosa para que me ayude” –se decía sin pensar que Dios es el único que podía hacerlo.

          —Mamá, ¿Porqué si tenemos tantos santos siempre estamos mal? –preguntó la niña a su madre–. ¿Tú crees que nos escuchan, que nos cuidan?

          —Lo que pasa es que siempre hay que ponerles velitas, y yo no puedo hacerlo siempre –respondió su mamá–.  Hay que cumplir y nosotros somos muy pobres.

          —Si me sacas de la escuela, yo podría trabajar, cuidando niños y estaríamos mejor –dijo la niña con dificultad. Se ahogaba, y casi no podía hablar. Se cansaba mucho, por el esfuerzo.

          —Ni lo sueñes que te saque de la escuela –responde su madre–, tienes que seguir estudiando, mañana me consigo para las velitas y como es lunes, se las llevo a la animita, y verás cómo te mejoras pronto.

          —Mamá –dice la niña, preocupada–, una compañera me dijo que no se debía adorar imágenes, que solo debemos adorar a dios, no a los muertos. Me lo leyó de un libro que ella dice que es la palabra de Dios.

Su madre la miró intrigada...

          —Qué sabe ella –respondió. No le hagas caso.

          Prendió un cigarrillo, y se acerco a la ventana. La abrió un poco, se sentó para coser dándole la espalda a su hija. Maria Belén tosía. El humo le molestaba.

Golpearon a la puerta. Pensando que era una cliente, se levantó para abrir. Eran dos mujeres...

          — ¿Qué desean? –preguntó–. Estoy muy ocupada.

Sabía quienes eran. Siempre pasaban, nunca les prestó atención.

          —Somos testigos de Jehová y traemos buenas noticias –respondió una de las mujeres.

          —Lo siento les dije que no tengo tiempo, vengan otro día –respondió con desgano.

Iba a cerrar la puerta, cuando escuchó que su hija le decía levantando la voz:

          — ¡Mamá diles que pasen! ¡Que vengan!

          Era tal su insistencia, que su mamá las hizo pasar. Al entrar, vieron un cuadro patético... En la cama yacía  una niña delgadísima. La piel de su carita estaba pegada al hueso y respiraba con dificultad. La pieza olía a tabaco aunque la mamá lo había apagado. Vieron muchas imágenes pegadas en la pared. La madre les acerca dos sillas. Se sentaron. Se dieron cuenta que la madre estaba cosiendo. En el velador había remedios.

          —Hola. Me llamo Maria Belén, pero me dicen Maribel, –les sonrió.  Era una muchacha bonita de rostro, a pesar de su delgadez.

          —Yo me llamo Romina, y la hermana que me acompaña, se llama Luisa –dice tendiéndole su mano. Luego la besó. Lo mismo hizo la otra mujer.

          —El otro día mi compañera de colegio, me contó unas cosas, y yo quería saber si es verdad –dice María Belén incorporándose con dificultad–. Por eso le pedí a Dios que las mandara, por que mi amiga me dijo que lo hiciera, y Dios me escuchó.

          — ¡Si! eso es verdad. Dios siempre escucha las oraciones que se hacen de corazón. –dijo la mujer, mirando complacida a su compañera.

          — ¿Y ellos nos pueden escuchar también? –señaló a los santos de la pared.

          — ¡No! no pueden mirar. Ve lo que dice la santa Biblia –dice Romina–. ¿Leamos? Salmos 115:5-7. Dice: “Boca tienen, pero no pueden hablar; ojos tienen, pero no pueden ver; oídos tienen pero no pueden oír. Nariz tienen, pero no pueden oler. Manos son suyas, pero no pueden palpar. Pies son suyos, pero no pueden andar. No profieren sonido con su garganta.”

La mujer  terminó de leer y  haciendo una pausa las miró:

          —Eso es lo que dice la Biblia de las imágenes.

          —Yo tengo la imagen de San Pedro por que mi esposo era pescador y San Pedro es el patrono de los pescadores –dice la madre de María Belén, y tomando la imagen la besó.

          —Miren lo que dice el mismo apóstol, aquí en la Biblia –dice Romina–.  Está en .hechos 10:25,26.-(Biblia de Jerusalén) dice: "Cuando pedro entraba, salió Cornelio a su encuentro y cayó postrado a sus pies. Pedro le levantó diciéndole: "Levántate, que también yo soy un hombre."

          —Puesto que Pedro no aprobó tal clase de adoración cuando estuvo presente en persona, ¿nos animaría a arrodillarnos ante una imagen de Él? –pregunta Luisa, la otra mujer–. ¿Siendo que el mismo dijo a Cornelio que no hiciera eso? Y miren lo que un ángel le dijo a Juan aquí en revelación (Apocalipsis) 19:10: "Ante aquello, caí delante de sus pies para adorarlo. Pero me dice"¡Ten cuidado! ¡No hagas eso! Yo simplemente soy coesclavo tuyo y de tus hermanos que tienen la obra de dar testimonio de Jesús. Adora a Dios, por que el dar testimonio de Jesús es lo que inspira el profetizar" ¿Vieron? Un Ángel no permitió que lo adoraran, porque solo debemos adorar a Dios.

La madre se quedo pensativa y preguntó:

          —Pero ¿cómo entonces nos podemos hacer oír? Está tan lejos...

          —El tiene un mediador –responde Romina–. Leamos la Biblia. Juan 14:6,14.dice: “Jesús le dijo: Yo soy el camino y la verdad y la vida. Nadie viene al padre sino por mí. Si ustedes piden algo en mi nombre, lo haré." Jesús dice aquí claramente, que solo podemos acercarnos al padre por medio de él. Y que nuestras peticiones han de hacerse en el nombre de Jesús.

          —Si entiendo –responde la madre de María Belén–.  Ahí esta la estampita de Jesús ¿la ven? –la señala con el dedo.

          —Pero esa imagen no es Jesús –contesta Romina–. No hay ninguna foto de él. Ni siquiera un dibujo. Miren lo que dice Juan 4:23,24  dice: "Los adoradores verdaderos adorarán al padre en espíritu y en verdad. Porque así quiere el padre que sean los que le adoren. Dios es espíritu, y los que lo adoran, deben adorarle en espíritu y verdad.” Los que confían en las imágenes como ayuda no están adorando a Dios "en espíritu", sino que dependen de lo que pueden ver con los ojos físicos. En 2 de corintios.5:7bc nos   dice: "Por fe caminamos, no por vista". Espero que lo considere, y ore a Dios Jehová por ayuda. Él es el oidor de la oración, y por medio de Jesús nos podemos acercar a Dios. En Juan 6:40 dice: “Porque esta es la voluntad de mi padre: que todo el que contempla al hijo y ejerce fe en el, tenga vida eterna, y yo lo resucitare en el ultimo día.

          —Si yo muero, ¿podré volver a vivir? –inquirió Maria Belén, esperanzada. Claro, no pensaba morirse.

          —Por supuesto pero no morirás. Tienes que mejorarte para llevarte a la congregación, y aprender más de nuestro amoroso Padre celestial. –Romina la abraza con ternura y le sonríe.

          — ¿Tu iras conmigo mamita? –estirando su manito tomó la de su madre a un lado de la cama.

          —Si mi hijita iremos. Quiero saber muchas cosas. Me gustaría saber cuánto cobran por los estudios –dice su madre, mirando a las mujeres interrogativamente.

          —Nada. Son gratis –responde Romina–. Jesús dijo: "recibieron gratis, den gratis. Podemos empezar el estudio cuando usted lo desee. Gustosamente le ayudaremos.

          —No tengo Biblia –dice tímidamente la madre.  La otra mujer saca de su bolso un lindo libro, bellamente ilustrado. Se lo pasa a Maria Belén, y le pregunta:

          — ¿Te gusta? Mira qué lindo es –dice con dulzura–. Con este libro te haremos estudio a ti. Así conocerás mejor a Jesús. Este libro se llama "Aprendamos del gran maestro".

          —Es lindo me gusta –responde la niña con entusiasmo, aceptando el libro–. ¿Me puedo quedar con el?

Ante el gesto afirmativo de Romina, su carita se iluminó de puro contenta.

          —Cuando te mejores empezáremos un estudio con este libro —reafirma Luisa–. Es un regalo, cuídalo, es tuyo.

          —Entonces vendremos cuando estés mejor –agrega Romina–, para que no te canses tanto. Mientras, lo puedes leer con tu mamita. A ella también le traeremos uno, como ayuda para estudiar la Biblia.

          — ¿Yo puedo empezar mañana? –preguntó la madre de la niña.

          —Si, encantada. Mañana vendremos.

          —A mí también, por favor. ¿Puede ser mañana? –dijo casi suplicando la niña–. Así me mejorare más luego –a lo que las dos mujeres asintieron.  Preguntaron qué era lo que tenía la niña, y la mamá les contó lo que pasaba. Sintieron mucha pena las dos. Prometieron volver luego, y se despidieron emocionadas.

          Al mismo día siguiente, fueron a verlas, y les llevaron mercadería que por unos días las ayudarían.  Entre las dos se comprometieron en ayudar a la niña, y le dijeron a la madre, que tratara de dejar de fumar, pues el tabaco le hacia muy mal a Maribel. La madre se esforzó, y al poco tiempo ya no fumaba, y su casa llegó a estar limpia de la adoración falsa. Asistía a todas las reuniones. Estaba más capacitada para trabajar. Su hijita mejoró, y ya no estaban solas.  Tenían muchos hermanos amorosos que las cuidaban. Formaban una gran familia. Finalmente las dos se bautizaron, dedicando su vida a servir a Jehová y a ayudar al prójimo, así como las ayudaron a ellas. Revelación (Apocalipsis) 21:4 Dice: "Y limpiara toda lagrima de sus ojos, y la muerte no será más, ni existirá ya mas lamento, ni clamor, ni dolor. Las cosas anteriores han pasado".

 

FIN

27/03/05