
La mente guarda recuerdos, recuerdos de un pasado,
el corazón atesora memorias, emociones y sentimientos.
Atesora, por ejemplo, ese primer encuentro con la verdad,
cómo el corazón saltaba de contento, cuando se topó con ella.
O cuando conoció el amor de una musa, que selló con una promesa,
con una promesa de lealtad, fidelidad y una argolla de oro.
Cuántas son las memorias que remueven de nuevo al corazón;
hallar al colibrí y no poder tocarlo... se fue justo cuando lo encontré,
abrazar y besar al condor andino y a la flor emplumada, puñado de amor.
atesorar una vasija de barro y espinas. No posee nada, y lo tiene todo,
lo más grande, el amor de su Dios, y también una rosa de oro por corazón.
Ay, alma mía, puedes perderlo todo, pero no tus memorias. Jamás será así.
Aún cuando te duermas, ellas serán protegidas por el Altísimo solo para ti.
Y en el nuevo día tus memorias cobrarán vida, y se vestirán de carne y de amor.
Ya no serán memorias ni recuerdos anhelados, se vestirán de fiesta gozosa.
Ahogarán tu risa y tu llanto, de tanto gozo por querer amarte... amarte tanto...
José Santos
2010