
Densas nubes oscuras cubrían la región de Judea y por ello también a Jerusalén. Por tal motivo los plateados rayos de luz provenientes desde la redondez de la luna llena no llegaban hasta la ciudad santa, la cual, ya muy entrada la noche, se encontraba completamente a oscuras. Esta negrura era como una representación de la oscuridad de las injusticias o las maldades que siempre han caracterizado a la humanidad. Pero en esta ocasión ocurriría una maldad muy especial: corría el año 33 en la noche del 14 de Nisán del calendario judío.
Ya era muy entrada la noche y si alguien hubiera estando observando a Jerusalén quizás desde las alturas del Monte de los Olivos, hubiera constatado a primera vista que estaba como dormida, apaciguada o desconectada de la vida en virtud del descanso lógico de la mayoría de sus moradores. Solo se podrían haber observado todavía débiles luces provenientes de algunos hogares. Sus moradores estarían probablemente discurriendo entre ellos los distintos matices que estaban jalonando sus respectivas vidas o quizás alguna reflexión del motivo por el cual estaban reunidos en familia: el festejo o recuerdo de la liberación de sus antepasados del cautiverio Egipcio hacía más de un milenio y medio.
Sin embargo, entre esas escasas luces que todavía estaban ardiendo nos llama la atención una muy especial, la cual pertenecía a una morada en la cual se desenvolverían acontecimientos muy importantes, los cuales serían muy difíciles de olvidar. Es la casa de una mujer ya mayor, y que podríamos llamar como… Miriam. Esta israelita ya era viuda pero con varios hijos e hijas, en otras palabras, con una vasta prole como era la norma en las familias de la nación judía. Aquella noche, algunos de los hijos e hijas de Miriam habían pasado con ella esta gran ocasión, comiendo con sus respectivos cónyuges el cordero pascual. En años anteriores el cumplimiento de la ley mosaica con relación al 14 de Nisán había sido una ocasión de gran alborozo para Miriam y los suyos, especialmente cuando su querido esposo estaba aún con vida. Sin embargo en esta ocasión no hubo tal regocijo sino una gran preocupación tanto por parte de Miriam como también de sus seres queridos. ¿Qué había ocurrido en esta ocasión? ¿Por qué estaba esta mujer todavía en pie pese a lo avanzado de la noche?
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