Hace unos días, mi nieto mayor, Mati, me contó que junto al resto de nuestros nietos vendrían a casa, desde el más pequeño hasta el más grande. La idea era pasar todo el día juntos, un día de abuelos y nietos.
Me encantó la idea y a Ismael mucho más, disfrutaríamos a todos los chicos todo un día!!
El día previsto amaneció fresco y luminoso. Como tenía ya todo listo, me quedé un ratito más en la cama, remoloneando como siempre. Disfrutaba ver por la ventana cómo las hojas se movían, al son que la brisa matinal les impulsaba. El dulce canto de unas avecillas, parecían poner música a ese día tan lindo que viviríamos.
En medio de esa paz matinal, algo me sobresaltó. Cómo explicar en palabras lo que sentí?...
Oyeron alguna vez el sonido del trueno? o la sensación del ruido sordo de un terremoto? o el golpear de las olas contra un acantilado un día de tormenta?
Pues bien, eso mismo, solo que todo junto, me distrajo de mis pensamientos y se abrió la puerta del cuarto. Como tropilla desbocada, entraron mis nietos y corriendo se tiraron sobre la cama, acomodándose donde pudieron.
Qué sorpresa!!!No los esperaba tan temprano.
Por un segundo recordé una imagen similar de mucho tiempo atrás, aún en el viejo sistema. Cuando por las noches nos acostábamos con Ismael, los 5 chicos buscaban acomodarse a nuestro lado, aunque algunos ya eran grandes, siempre había un lugar para todos...
Ahora miraba las caritas y veía en cada uno, aquellos rostros del ayer... No necesité decir palabra, la emoción llenó los ojos de lágrimas y los más pequeños con sus abrazos y besos, las borraron pintándome una enorme sonrisa.
Ismael, cómplice seguro de semejante sorpresa se llevó a los muchachos para que pudiera levantarme, mientras las chicas prepararían el desayuno. Cuando entré a la cocina, podía oler el pan tostado y las frutas recién exprimidas, pero noté sin dudarlo, que algo tramaban... A la orden de Matheo , aunaron sus voces a coro y dirigiéndose a mí pedían les hiciera leche batida, una y otra vez . Cuando sus papás eran chicos y hasta a ellos mismos, les preparaba la leche con cacao y la batía, quedándole una espuma espesa que les dibujaba los bigotes. No pude menos que reírme, al punto que la emoción y las lágrimas quedaron ahogadas por la alegría.
Toda la mañana fue un ir y venir, pero no por los quehaceres, sino porque no paré de jugar ni un momento, como en mis días de jovencita. Con Ismael nos multiplicábamos para estar con todos y disfrutar cada momento.
En un descanso merecido, nos sentamos con los chicos más grandes, les agradecí la feliz idea que tuvieron. Al preguntarles por qué se les ocurrió, esto me dijeron:
-Sabes abuela?, aunque nos vemos seguido, siempre está la familia y vos y el abuelo están de acá para allá....es difícil que podamos estar con uds un rato largo...Con los chicos queríamos regalarles algo, pero nada les hace falta, y mientras pensábamos, Sari, a pesar de ser tan pequeña, elevó su vocecita para decir "Y si les regalamos un día...?".
Al comienzo nos pareció gracioso, decía Mati, "un día..." era algo extraño, sin embargo sirvió de base para que fluyeran las ideas y entre todos dieron forma a este hermoso día. El solo pensarlo nos emocionaba, ¿Y...les gustó la idea?
Miré fijamente a esos rostros tan amados, cuyas caritas tenían la impronta indeleble de mis hijos, con los rasgos de Ismael y algo de los míos...y no pude hablar, una vez más en ese día se me escaparon las lágrimas, y lo más bello que me pasó, fue el abrazo cálido , dulce y apretado que los chicos nos dieron uniéndonos con Ismael, bien juntitos...
Cuando la casa quedó en silencio y todo volvió esa noche a lo cotidiano, no sentimos la casa vacía, no nos sentimos solos. Nuestro hogar quedó lleno del dulce sonido de sus voces, de sus risas contagiosas, sus abrazos...El aire quedó colmado del bello aroma del amor y recordé las palabras de un conferenciante, hace ya mucho tiempo atrás, en el viejo sistema. Fue en una asamblea de distrito cuando invitaba a imaginar el nuevo mundo y animó a los padres a esforzarse por criar a los hijos según las regulación mental de Jehová y citó una parte del salmo 128:3 : "...tus hijos serán como plantones de olivos todos en derredor de tu mesa."
Y siguió diciendo que podríamos ver cómo esos plantones darían brotes y nosotros podríamos estar allí para verlos.... Y qué cierto fue eso!!! Lo vimos cumplido pues disfrutamos un hermoso día con esos brotes tan queridos, todos en derredor de nuestra mesa.
SILVIA ESPIÑO
2009